Pensé entonces en la división entre productores pobres y productores ricos, que no es lo mismo que pensar en grandes y pequeños productores. Los ricos por ejemplo subvencionan a sus agricultores de manera que sus productos llegan al mercado a precios artificiales y compiten en el “mercado libre”. Al otro lado se encuentran los pobres que no subvencionan nada y sus precios son más reales que la vida. Si haríamos una analogía simple, en una cancha de fútbol se verían dos equipos, el de los jugadores profesionales contra el de los niños sin zapatos.
Aunque el tema de las subvenciones es bastante peliagudo y las partes no se ponen de acuerdo, se puede resaltar uno de los argumentos que suelen utilizar los subvencionadores, que los gobiernos protegen a sus ciudadanos contra cualquier escenario futuro en el que se vea en la obligación de autoabastecer aun de manera mínima a sus habitantes. Dicho de otras palabras, los productores ricos no son competitivos en agricultura pero los gobiernos deciden pagar a sus agricultores para que no abandonen el campo y continúen produciendo por si hay guerras y no queda alimento en el mundo. (Un ejemplo extremista pero citado muchas veces).
Por el otro lado, los productores pobres no pueden aportar una subvención similar, es triste, es injusto pero es parte de esto que se llama mundo. De manera que sus agricultores deben dejar lo importante ante lo urgente y lo urgente es comer, así que producen lo que les pide ese “mercado libre”, es una razón bastante simplista de porque muchos países se vuelven monoproductores.
De aquí continuo pensando porqué en el caso específico de Bolivia, además de todos los problemas que menciono, el gobierno se toma tantas molestias para desacreditar a sus propios productores, mientras los países desarrollados por cuestiones de sobrevivencia los protege, en Bolivia se los apedrea, generando un odio común hacia los que, producen la comida que poco o nada llega a nuestras mesas.
A veces asemejo a Bolivia con un adolescente que atraviesa la edad del pavo, su lucha contra el “sistema” es un acto de rebelde sin causa, de suicida en potencia. Parece el peor de los adolescentes fumando tres cajetillas diarias mientras su hermano muere de cáncer de pulmón. Regresando a la analogía del partido de fútbol, si tenemos profesionales contra niños, este gobierno además de no poder ofrecerles zapatos a sus jugadores, decide cortarles los pies.
Y sigo enlazando ideas, pero ya no encuentro las palabras para unirlas al resto de los párrafos… así que dejo hasta aquí las divagaciones de martes. Respuestas, las espero en el lugar de siempre y a la hora acordada, no tarden.
