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miércoles, 5 de agosto de 2009

Puro cuento...

Esta es la historia de una princesa que nació para ser reina, como otras, tuvo una infancia difícil que incluía un embrujo y la consecuente adopción por una pareja de aldeanos que la educaron -con mucho amor- bajo las duras normas de la vida del campo. Llegada la edad debutante regresó al reino al que pertenecía para prolongar la costumbre familiar de casarse con un príncipe azul.

Ella que había aprendido como la mejor a sobrevivir las tempestades del campo, falló la primera prueba en la que no debía quedarse dormida sobre el colchón que escondía debajo un guisante. Así que tuvo que recurrir a la prueba de ADN para demostrar su procedencia… dando lugar a un cotilleo general en el palacio. “Empezamos con mal pie” se repetía, sin embargo, mantenía la esperanza de la segunda oportunidad.

En bailes y reuniones sociales era un esperpento que no conseguía mantener el ritmo ni las conversaciones coloquiales. Los paseos por la pradera en busca de un coro general de animales pintorescos tampoco eran su fuerte y pensaba, si existiera la manera de conocerlo en un lugar agradable, sin presiones… Porque la tradición familiar le había instalado una voz interior que murmuraba repitiendo una y otra vez “It´s time to get married” en ingles, es cierto, es que es bien sabido que las princesas de sangre real son políglotas, o por lo menos lo son sus conciencias, a veces también recibía palabras como “capuchino” o “saudade” pero estaba segura de que se trataba de interferencias provenientes de la conciencia de alguna princesa extranjera.


sábado, 11 de julio de 2009

Apologia de una Bruja potencialmente anarquista

No lo decidió de la noche a la mañana, sopesó alternativas una por una, elaboró extensas listas de pros y contras y luego de la respectiva valoración no encontró razón alguna que le obligara a mirar atrás. Maletas en mano se permitió el último acto sentimental y emitió un suspiro nostálgico mientras decía adiós con la mano a su querido “Había una vez” rumbo al añorado “Lugar lejano”.

Con aplicación estudiantil leyó todas las guías de la “Witch on the road” memorizó programas del “Magical Geographic” en los que se detallaba su destino. Pero nada la preparó para lo que le tocó vivir: Interrogatorio en aduanas exigiendo el permiso –“actualizado y sellado en la embajada por triplicado, por favor”- de la Portación de varitas mágicas, registro internacional de Tenencia de polvos mágicos y vacunas especiales que le autorizaran el ingreso de “Ingredientes vivos”.

El siguiente paso: Buscar trabajo. Gracias a la acumulación de conocimiento familiar, era experta en la preparación de pócimas, no existía en el mundo una receta que no pudiera seguir, sin embargo, ella soñaba con escribir alguna; crear la pócima perfecta con resultados asombrosos. Pero “Había una vez” era tajante en cuanto a sus leyes,

- Los príncipes Debían ser azules.
- Las brujas Seguían las recetas. Y
- Los libros las Escribían y dictaban.

Por de más esta explicar que no era un trabajo remunerado, preparar pócimas era la obligación de una bruja bien comportada.

Cuando intentaba explicar los motivos por los que dejó atrás su terruño elegía la explicación simple: TRABAJO. Pero esta palabra tenía el don de convertirse en ovillo que se desenredaba para guiarla hacia lo más profundo de sus sentimientos.

“Había una vez” le pagaba en orgullo –falsa moneda- a cambio de su trabajo de preparadora de pócimas su familia recibía una razón que le permitía alimentar el orgullo familiar, pero nada que se pudiera intercambiar en el mercado bursátil. Y es bien sabido que no se puede vivir del orgullo, pues la única manera de prepararlo es al horno y a la larga es dañina para el hígado.

Entonces pensaba en RETRIBUCIÓN JUSTA y aún así era una respuesta incompleta. En un “Lugar lejano” le otorgaban una retribución conveniente por su jornada laboral lejos del fogón. Ésta le permitía vivir dignamente y ahorrar una que otra moneda para sus vacaciones en Oz. Con todo eso, la verdadera palabra que resumía sus razones era OPORTUNIDAD, carente de sentido si no se daban mayores explicaciones.

Ella quería la oportunidad de trabajar donde se sintiera útil (creando pócimas), recibir retribución justa y ser reconocida por su trabajo como un individuo, lejos de su género, origen o condición. Quería ser parte del mundo como una pieza de un puzzle y no como carne de cañón como le había tocado ser por herencia.

Tal como siguen las historias que ocurren en estos lugares, pasaron más de mil años y la Bruja apátrida no perdía la esperanza. Cada tanto llegaba a sus manos la noticia de que más brujas participaban en el proceso de creación de pócimas: Como talladoras del atril donde se acurrucaba un libro; Como hábiles tejedoras de sus hojas mágicas; Incluso alguna, la más preparada, llegó a diseñar los dibujos de la portada. Aunque la llenaba de orgullo sabía que no era suficiente y que casi se convertía en farsa, en realidad ninguna bruja tenía la tinta del poder en sus manos.

Y el estancamiento le preocupaba, sobre todo al escuchar a jóvenes hechiceras –hijas de brujas pioneras en el trabajo lejos del fogón- decir que al crecer volverían a sus raíces, como las abuelas suyas a repetir conjuros y memorizar ideas. Porque no tenía sentido la doble jornada, porque se estaban perdiendo los valores familiares, porque si insistían en trabajar fuera de casa el sistema económico colapsaría, porque la sola idea las dejaba agotadas, porque no palpaban un avance real de su condición de brujas… porque no les daba la gana.

Tenía entonces ganas de explotar, de organizar mítines y repartir panfletos o escribir el maravilloso conjuro que solucionaría el conflicto… pero la impotencia le ganaba la partida, en las tardes de sol añoraba el hogar y sentía deseos de regresar, preguntar a la Malvada Bruja del Oeste por el diseñador de sus zapatitos de rubí, repetir que no hay nada como el hogar y regresar a donde las cosas no cambian para seguir contando historias intemporales que empiezan con tres palabras mágicas:

“Había una vez”…

viernes, 20 de marzo de 2009

Desencuentros

No soy una mujer de cuentos de hadas, no tengo el menor rasgo de princesa en desgracia pero tampoco soy hada madrina autosuficiente. Y es todo un problema de comunicación entre los príncipes que vienen a rescatarme y yo.

El castillo oculto entre la maleza no es un lugar sombrío, dominado por los dragones y ogros típicos de estos paisajes, cambia según la estación a un lugar acogedor, lleno de flores o cuadros de arte. Otras veces se convierte en imprenta o lugar de trabajo.

Mis demonios han sido domados pero su naturaleza salvaje los domina de cuando en cuando y suelen alborotar todo lo que tienen a su alrededor, los ojos profanos piensan que destruyen, yo que estoy acostumbrada a cambios de humor, se que atacan cuando llega el momento de cambiar, de crecer, de analizar algo que esta fallando. Vivimos en un caos armónico imposible de explicar.

Entonces, llegan uno a uno los príncipes color arco iris en busca de batallas para ganarme como corona… en todo cuento hay perdedores y unos cuantos de ellos deberían perecer en las mandíbulas de mis demonios, pero llegan y los encuentran tomando el té o jugando a las muñecas y los príncipes entran en cólera cuestionándome el comportamiento “no es digno de una princesa” dicen algunos; “este comportamiento es censurable” dicen otros; cuando me siento en paz conmigo misma estallo en carcajadas y les enseño el camino de regreso, caso contrario me deprimo pensando que hago mal y como debería comportarme. Mis demonios me consuelan y regresamos a los juegos.

Hasta ahora no ha tocado la puerta el príncipe elegido, supongo que no nos hemos encontrado, que llegó al castillo cuando yo había tomado la determinación de salir con capa y espada a encontrarlo o tal vez me busco en los lugares tradicionales de un cuento, mientras yo estaba participando en una novela de acción.

A veces, siento un poco de nostalgia y miro a través de la ventana soñando con su mirada, invento diálogos que practico con mis demonios y cuando me aburro de tanta cursilería invento un juego nuevo o cuento para dormir.

jueves, 2 de octubre de 2008

Había un vez y no había una vez

Mi niñez ha sido marcada por las reuniones al terminar el día en el patio grande de la casa de mis abuelos, entonces cada quien silla al hombro se hacía un espacio cerca al hacedor de historias que era mi abuelo. Escuché por boca suya por primera vez que las almas se despiden de sus seres queridos y que la vida no termina con la muerte.

A mi nunca me contaron Blanca Nieves o Cenicienta, todas las historias que escuchaba alrededor del fuego del hogar, fueron contadas en primera persona, porque ¿no es acaso más interesante, contar y escuchar una historia que le paso a alguien que conoces? Todo lo que escuché tenía la duda razonable de poder ser cierto.

Por otro lado los cuentos de hadas ejercen en mi una extraña atracción que me llevan a escribir, parafrasear y soñar con los pintorescos personajes… los he conocido en la pantalla grande de la mano de Walt Disney, he llorado con la declaración de Pinocho “soy un niño de verdad” y sufrido como nadie al ver caer sobre el fuego abrazador a la bruja malvada de Blanca Nieves.

Siempre he buscado una razón para modificar, actualizar o directamente suprimir ciertos estereotipos de los cuentos, los que a mi simple modo de ver eran tremendamente machistas. Pero hoy, no estoy segura de quererlo, tal vez no sea importante cambiar los cuentos, si no, dejar de lado a Walt Disney y explicar lo que realmente encierran estas grandes cajas de sabiduría.

Lo que tienen los blogs, es la facilidad de abrir una puerta donde pueda cada quien dejar sus opiniones sin tener que certificarlas o contrastarlas con tesis doctorales y esquemas matemáticos, así que sin mayor conocimiento que un par de libros y un intento de intuición me arriesgo y lo afirmo.

¿Y si por un momento las cosas no fueran como parecen? ¿y si, finalmente, todo tiene una razón de ser? ¿Que pasaría si todos los personajes de los cuentos de hadas resultan ser parte de la misma persona (el oyente) a quien que se intenta dar una valiosa lección?.

La princesa en apuros podría ser la parte de nuestro interior que necesita aprender, esa ingenuidad que tenemos antes de conocer el mundo, la bruja la parte que comete el pecado, ya sea vanidad, glotonería, etc, etc. y el príncipe nuestra fuerza interior que nos ayuda a afrontar el temor mas grande que tenemos: que la parte digamos “malvada” gane terreno y nos convirtamos en seres poco éticos, malvados, o nada funcionales dentro de la sociedad en la que nos toca vivir.

A todos nos gusta pensar que somos buenos, pero en el fondo reconocemos ese bichito que vive dentro de nosotros al que le tenemos miedo y no afrontamos muchas veces por comodidad.

Hace mucho que acepté que la bruja debe morir, a pesar de mis cuentos reivindicativos y mis gritos desesperados por demostrar que muchas veces son los personajes mas complejos de las historias, pero puede ser precisamente por que debe morir que son los personajes mas complejos, nadie quiere matar a quien cumple el rol de madre (la bruja por lo general es la madrastra) nadie, de buenas a primeras querrá aceptar que ciertas partes de la personalidad deben ser suprimidas, pero no como una extirpación de un cáncer, debe existir una lucha que nos enseñe, donde el fuego que purifica queme lo malo para engendrar la nueva vida, una mas completa, mas sabia. Tal como el ave fénix que renace sus cenizas.

Todo esto, es un dibujo libre, puedo decir a mi favor que son ideas tomadas de algunos libros pero, para quitar culpas a los autores, debo aceptar también que son una mezcla singular y a mi antojo.

Entonces, el error no estaría en los cuentos de hadas en si, estaría en la banalización de las enseñanzas y la falta de la explicación final, el contraste con los niños y niñas (sobre todo las niñas) que en lugar de aprender a frenar sus propios demonios sueñan con que el príncipe azul luche sus batallas y ellas –panchas- se dediquen a la compra de carteras de moda.

sábado, 31 de mayo de 2008

Vocación



Gracias a aminuscula por el hermoso dibujo


Nací bruja con vocación de hada madrina, entonces creía en el destino y la escasa posibilidad de escapar de él. Por mis orígenes mi futuro era ser bruja y eso estaba fuera de discusión.


Desde mi tierna infancia se notaba cierta diferencia con mis congéneres, mientras las otras brujas infantes atrapaban sapos y culebras para sus maleficios yo buscaba la manera de dejarlos en libertad o de darles un mejor oficio como mascotas y amigas antes que simples ingredientes. Atribuían mis excentricidades a los cambios que sufrió la luna durante mi nacimiento y sin más, dejaron el tema pasar y el agua correr.


La adolescencia como a cualquier otro ser, me golpeó fuerte al contrastar con mayor relevancia mis diferencias, mis compañeras convertían en sapos a los miserables príncipes que rondaban la escuela, mientras que yo iba por los campos buscando remedios caseros para sus encantamientos… porque al no ser princesa no podía romper los embrujos a fuerza de besos, debía estudiar las diferentes maneras, las opciones de re convertirlos sin buscar mayor recompensa que la propia satisfacción.


Entonces llegó el momento de la elección de destinos y sin pensarlo dos veces apliqué a los formularios de hada madrina, mi madre ese dulce y ambivalente ser me lo advirtió, no quería verme sufrir con un -casi seguro- rechazo, pero tampoco quería detener mis sueños.


La elección no fue la más acertada, ¿Quién confiaría en una bruja? ¿Cómo creerían que mis intenciones eran buenas? ¿Por qué dejarían en mis manos los destinos de princesas indefensas? Si las brujas poseen el lado maligno de la naturaleza, las hadas madrinas por el contrario poseen el bueno, era lógico, no se podía esperar nada bueno de una bruja que sin más, intentaba pasar de un bando a otro.


Años de lucha en contra de la discriminación, siglos enteros tratando de comprender la desconfianza que causaba mi origen de bruja, vidas y vidas intentando demostrar que no tenía malas intenciones, que no buscaba engañarlos. Esfuerzos inútiles por una oportunidad para demostrar que quería y podía utilizar mis poderes para hacer el bien.


“Nací Bruja, moriré bruja”


Solía repetirme los momentos en que me daba por vencida, cuando tenía ganas de levantar las manos y dejar de intentar, dejar que el mundo siguiera con su historia y ser bruja, simplemente, como lo fue mi madre como lo serían mis hijas.


Sentía un dolor inmenso en el corazón, pidiendo la oportunidad que no me dieron, hasta que de tanto buscar sortilegios y rebuscar mi destino en libros, firmé un tratado de paz con mis orígenes, con mi esencia… nunca antes me sentí tan feliz, nunca antes sentí el orgullo por el reflejo que me regalaba el espejo, a partir de esa decisión sabía yo que podía ser buena pero también podía ser mala sin mayores explicaciones… a partir de ese momento podía ser libre sin necesidad de demostrar a nadie mis intenciones, mi pasado o mi futuro.


Aprendí conjuros destinados a las hadas madrinas, utilicé mi fuerza interior de bruja, pero sobre todo acepté que ambas partes formaban parte de mi ser. Libre de los estereotipos, pude ser buena y mala de acuerdo a mi código moral sin consultar el ajeno, ya nadie se asombra de encontrar arco iris en mi patio y culebras en la puerta.


Nací bruja, es cierto, quise ser hada madrina para encajar en las normas, hasta que encontré mi felicidad y ahora vivo en libertad ejerciendo de hechicera.


domingo, 6 de abril de 2008

Huelga

La mañana en que las madrastras cansadas de tanta humillación decidimos unir fuerzas en una huelga y el respectivo bloqueo de caminos, los cuentos de hadas colapsaron unos con otros en busca de una identidad perdida.


Por la convivencia diaria la venda de amor de los ojos de los príncipes se cayó, descubrieron uno a uno y de acuerdo al cuento que: Blanca Nieves era solamente una mujer hermosa que disfrutaba de la sospechosa compañía de siete enanos; la Bella durmiente sufría de depresiones severas que no le permitían levantarse por las mañanas hasta bien entrada la tarde y aquella que convirtió un sapo en príncipe había desarrollado un trastorno con matices zoofilicos, sin dejar de nombrar a Cenicienta cuyos hábitos de limpieza enfermaron al apuesto príncipe.


Despojados de dragones, embrujos y maldiciones, los días trascurrieron interminables hasta que buscando actividades de alto riesgo iniciaron guerras entre reinos que no les pertenecían.


Los grandes salones de baile perdieron el esplendor al dejar de reunir a toda la comarca pues los motivos para festejar se habían acabado. El día que el temor se alejo de sus vidas la felicidad del triunfo se fue con él.


Los sabios buscaron entonces nuevos antagonistas que pretendían reemplazar a la maldad encarnada en cuerpos de mujeres insatisfechas. Pero la maldad masculina que buscaba poder era menos manejable y mas peligrosa que las mujeres que solo buscaban un lugar y una reivindicación que sentían se les debía.


Grandes manifestaciones, recolección de firmas y aldeanos en las calles apoyando las peticiones de las madrastras, pero los reyes se comportaron de manera inflexible y quedó fuera de agenda la reivindicación tan añorada.


La situación se tornó imposible, la perfección rutinaria agrió los corazones aventureros de los príncipes e intentaron derrocar reyes para instalar nuevas jerarquías y poco a poco al desaparecer el mal, sin objetivo común el bien desarticuló a sus aliados en busca de causas nobles.


Los campesinos que querían adoptar princesas perdidas, al encontrarse con trámites burocráticos e interminables abandonaron sus tierras y salieron a la realidad cruel y despiadada buscando un destino mejor…


Las madrastras de los cuentos cansadas de tanto caos, nos reunimos para analizar el pliego petitorio y aún ahora no logramos comprender porque nos negaron los puntos, si las peticiones fueron concretas y justas:


  • Estamos cansadas de ser asesinadas cada noche para el regocijo de niñas que no saben valorar la importancia de conocer lo que se desea con todas las ansias.
  • Queremos se reconozca públicamente que la habilidad para manipular reyes está firmemente ligada a la debilidad del carácter de los mismos.
  • Que las caretas de frialdad esconden corazones grandes que necesitan amor.
  • Que no todo lo que se dice de nosotras es cierto, por lo que:


¡Las madrastras de los cuentos de hadas exigimos el derecho de la duda!


miércoles, 27 de febrero de 2008

Mujeres de cuentos de hadas

Aquellas mujeres que dudan de si, que no consiguen creer en su fortaleza interior, las que van a la sombra repitiendo cábalas, las que no escuchan su voz interior. Son las hijas de Dorothy, la niña de Kansas que dejó el hogar -y tal como ella- sus seguidoras se convencen a si mismas que sus logros son fruto, más de la casualidad que de sus propias aptitudes.

Son mujeres que se desconocen totalmente y con frecuencia se dejan habitar por sensaciones de tristeza y abandono. Si las ideas las invaden se repiten a si mismas que no son lo suficientemente inteligentes, si las lágrimas las inundan se las secan con prontitud pues están seguras que son demasiado melodramáticas… cuando el miedo las tiene presas y logran encontrar valor para hacer frente a la vida… jamás… jamás… aceptan que ha sido su fortaleza quien las he protegido y llevado hasta donde están.

Van en la búsqueda de un Mago que habita en Oz, lo imaginan poderoso como ninguno y anhelan que detenga su marcha y les indique la manera de regresar a casa. La vereda que lleva a su encuentro esta llena de señales, pero cierran los ojos ante la posibilidad de que el Mago sea solo un farsante, un hombre solitario que no se deja ver por nadie, un camaleón temeroso, lleno de planes inconclusos, de historias inverosímiles de viajes a Venus.

No puede ser de otra manera, al encontrar al Mago, éste les exige sacrificios extraordinarios para evitar que lleguen a conocerlo, les pide que maten a la bruja antes de buscarlo… ellas creen que no son suficiente, que su amor no puede cambiarlo, no puede tocarlo. Inician entonces viajes de autoexploración, terapias de grupo y regresan después de eliminar una parte suya, pero el Mago huye despavorido, él se sabe pequeño y sin poderes, ellas se sienten abandonadas.

Se quedan las hijas de Dorothy más vacías que antes, sin comprender el diálogo sin partes… y mientras construyen el recuerdo del Mago, sospechan de sus caretas, sospechan de su poder, de los lentes con que debían mirarlo, sospechan del color verde envidia de los cristales… la duda se siembra.

Aunque tarde, llega el día en que calzadas con los zapatitos de rubí, golpean tres veces los talones y algunas deciden regresar a Kansas, mientras otras prefieren antes encontrarse a si mismas y demostrarse de una vez por todas que tienen todo lo que se necesita para ser las soberanas de Oz.