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lunes, 7 de julio de 2008

Sirenita certificada

Tenía dos opciones, quedarme en casa y lamentarme por mi suerte o salir a buscar con la misma cara una nueva. Decidí hacer lo segundo. Un fin de semana increíble, tomé un curso de submarinismo y desde ahora soy una sirenita certificada.


Sin embargo olvidé algunas consideraciones previas, aprendí a nadar en rio hace como 25 años y el agua, aunque le tengo respeto, no me da miedo. Claro que he pasado esos 25 años sobre la superficie, la natación se basa en flotar sin esfuerzo por la mayor cantidad de tiempo. Bajo este principio me resulto casi imposible hundirme…


Cuando conseguí tocar el fondo adecuado tropecé con el segundo inconveniente, mientras nadas acostumbras a respirar por la boca y botar el aire por la nariz, se podrán imaginar que echar el aire por la nariz atrapada dentro de las escafandras es bastante problemático. Tuve que pensar en cada respiración que daba para hacerlo correctamente.


A la hora de hacer ejercicios me fue peor, no tuve ningún inconveniente en sacarme el dosificador de aire para luego buscarlo, incluso hice unas bromas mentales cerrando los ojos y preguntándome “¿Dónde está el regulador? Aquí ta!” pude compartir aire con un compañero e incluso dar una vuelta en esas condiciones. Mis problemas fueron, en primer lugar la falta de señales para comunicar todos mis pensamientos, tenía tantas ganas de explicar detalles que las señales estudiadas me quedaron cortas y el segundo problema fue quitarme las gafas… no soy la única, lo se… pero me ocurre desde siempre y como antes no tenía problemas, no realicé acciones correctivas. Cuando no veo un sentido diferente a la vista deja de funcionar. Mientras entrenaba natación y mis gafas se empañaban extrañamente dejaba de escuchar… bajo el mar, quería dejar de respirar, entonces debía concentrarme en seguir respirando para cumplir una de las normas básicas del buceo “nunca, nunca dejes de respirar” así que me complicaba la vida pensado en botar el aire por la nariz, sacarme las escafandras y seguir respirando al mismo tiempo que flotaba… uff.., ese momento me agobié. Pero pasado el instante de pánico, cuando todo regresó a su lugar, pude volver a disfrutar de la experiencia.


Otra costumbre de nadar en la superficie que no me fue válida, fue el mantener el equilibrio con las manos, bajo el agua no sirve de nada.


A pesar de todos estos inconvenientes que pueden dejar la falsa idea de que fue una mala experiencia, para dejarlo claro, confieso que pase un fin de semana maravilloso, dejé toda la mala energía bajo el agua… también la buena… salí del mar totalmente renovada, como si fuera la protagonista de Cocoon.


Pero eso si, digan lo que digan, a pesar de la belleza del mar y sus paisajes maravillosos, para mi no hay nada como un rio conocido, donde las olas son y serán siempre constantes y paralelas.



lunes, 3 de marzo de 2008

El maravilloso Gimnasio

Paso tres horas de mi semana en el gimnasio, pago una cantidad mensual para que me permitan sudar durante mis horas libres en sus instalaciones, sufro algún tipo de desorden mental que me empuja a envolver las manijas de los aparatos con papel mientras pongo cara de asco al pensar en el sudor desconocido. Tengo una selección de música movida en el mp3 para las rutinas de ejercicios. Sigo al pie de la letra las explicaciones; calentamiento, rutina, elongación…


Practico la paciencia con aquellas parejitas que van al gimnasio juntos y acaparan los equipos sin hacer el mínimo esfuerzo, sin enrojecer si quiera, demostrando a todos los que esperan, que ellos en realidad prefieren la gimnasia horizontal pero están ahí para cumplir con los créditos “extracurriculares” que necesita cualquier pareja que se precie.


Invento falsas teorías acerca del por qué a los hombres bajitos les gusta desarrollar una musculatura exagerada, ¿por qué la necesidad del crecimiento horizontal? ¿para qué tanto volumen? Y cuando dejo salir las bromas crueles de las que muchas veces me avergüenzo, me siento un poco incómoda de mi fácil risa, de dejarme llevar tan rápidamente por los juicios, por creer que “físico culturista bonsái” es un término gracioso.

Protesto silenciosamente cuando mis ojos inocentes topan con algún gracioso que cree que los pantalones cortos de atletismo son aceptables para un gimnasio, debo apartar la mirada precipitadamente cuando estos personajes deciden hacer algún tipo de contorción dejando al aire sus partes púdicas, partes que todos preferiríamos dejara en el anonimato.

Observo, intento imitar, envidio… a la señora que me lleva como diez años y se puede doblar como un pretzel, que tiene la musculatura definida súper femenina y que hasta cuando suda es perfecta…
Y a pesar de mi muy buen comportamiento, de mis esfuerzos por conseguir las metas establecidas, cuando llega lo hora de enfrentarme semanalmente a la balanza, descubro –oh! Vaya sorpresa!- que una semana más no bajé de peso. No me queda mas remedio que consolarme pensando que “Yo no engordo… gano masa muscular”