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lunes, 10 de agosto de 2009

Rompecabezas del absurdo

Desde los inicios como patria, Bolivia se ha caracterizado por ser un conjunto de ciudadanos migrantes, los ciclos y los destinos varían, pero básicamente casi todos tenemos un familiar o amigo que vive fuera del país.

Los destinos “naturales” por cercanía han sido Argentina, Brasil y Chile, que dependen sobre todo de la estabilidad económica que puedan ofrecer. Estados Unidos con su sueño americano ha sido el destino para los más atrevidos y luego del corralito de la Argentina, decidimos saltar de la mano de nuestros vecinos en busca de mejores sueños hasta Europa.

A pesar de que la mayoría somos gente que regresa al país, en EEUU se habla de una segunda generación en edad laboral establecida legalmente. Pero básicamente nos vamos en busca de oportunidades y tarde o temprano regresamos al hogar.

Estas migraciones han sido en su mayoría masculinas y el país siguió adelante, el mundo siguió girando, nada cambio: los bolitas nos llenamos de palabras extranjeras y aprendimos del mundo escuchando las anécdotas de los viajeros. A nadie parecía importarle, bastaba con que envíen puntualmente las remesas -que poco a poco se fueron convirtiendo en parte importante del PIB-. Se emitieron eventualmente reportajes que nos escandalizaban sobre las camas calientes o sobre temas de migración en el horario educativo de las 12 de la noche.

¿Qué ha cambiado?

A mi modo de ver y en las palabras menos groseras que el mal humor momentáneo me permite, lo que ha cambiado hoy por hoy es que las bolsas de parir bolivianitos se han ido. (la migración se ha vuelto mayoritariamente femenina) Y el hombre no ha podido con su función de pilar familiar, no quiero entrar en este tema pues no lo he estudiado, a simple vista las familias se están desintegrando, los abuelos están muy cansados para hacerse cargo de adolescentes que no terminan de estudiar pero exigen el celular de moda, solventado por la culpa materna que se parte el lomo para que sus hijos sean inútiles bien vestidos.

No es la primera vez que la gente migra. Es irónico que bajo el primer gobierno del pueblo se haya incrementado el número de migrantes dejando poco pueblo para gobernar.

No se trata de una novedad, sin embargo el contraataque ha sido brutal. Se ha dictado una ley para los no natos (en un país donde -una ironía más- no se acepta el aborto para “defender” los derechos de los sin nacer) Esta ley dicta que los niños nacidos de padres bolivianos, estén donde estén, son bolivianos.

Y todo puede regresar a la falsa calma, los niños engrosaran la lista del Censo nacional, el gobierno agradecerá la remesa puntual e iniciaremos una nueva tradición de heredar en el extranjero la incapacidad de moverte en el mundo.

Porque no se trata de criticar, abandonar o negar la bolivianidad que corre por nuestras venas. Se trata de que quienes hemos salido sabemos lo duro que es el exilio y me imagino será peor siendo un indocumentado. Así que darle un pasaporte a un bebe es para nosotros darle la llave del mundo para que en su mayoría de edad se vaya a la mismísima mierda si así lo quiere y una vez ahí, no le observen la falta de visa y no sea deportado con un expediente bajo el brazo y “tres fotos de frente por favor”.

Tal parece que la idiosincrasia boliviana se resume en la frase de una canción de hace más de una década atrás…

Si esta vivo hay que ahogarlo
Si está arriba hay que hundirlo
Si esta a un lado a empujarlo
¿Si no esta?...”

RH O+ de Octavia