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domingo, 22 de febrero de 2015

Es triste, pero a veces la felicidad consisten en comprobar que tu ex, está gordo.

jueves, 7 de agosto de 2008

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Le he estado dando vueltas al asunto y ahora tengo claro que necesito un súper héroe… uno con traje apretado y capa si es posible, no tengo inconvenientes con que sea una heroína o que sus tendencias sexuales no estén definidas. Tampoco tengo preferencias por súper héroes de galaxias lejanas o prejuicios contra aquellos que sufran de traumas infantiles como complejos de Edipo y esas cosas. Con que sea súper héroe me basta.


Lo necesito para que me pueda cobijar bajo su manto de supuesta seguridad, porque seamos sinceras, ¿de que puede protegerme? ¿de una bomba atómica que lleva mi nombre? ¿de villanos con nombres ridículos que acechan la ciudad? ¿de accidentes fortuitos que puedan ocurrirme?... en este último caso podría ser útil, pero puedo sobrevivir sin que alguien vele por la seguridad de mi cartera en la playa.


Quiero un súper héroe para mi sola, para poder volar de noche sobre la ciudad, o comprobar que luego de un acto realmente estúpido es capaz de entregar sus poderes a los malos con tal de salvarme… y que nunca, pero nunca, me reprochará el peligro en que puse al mundo durante los minutos en que fue despojado de su calidad de súper.


Lastimosamente no me podría ayudar en nada más, por que, por muy poderosos que sean, estos súper héroes no pueden resguardarte de la cotidianidad, de la amargura que sientes al levantarte de la cama, de las entrevistas de trabajo que no llegan, del temor a no encontrar un lugar en el mundo... no… ellos no pueden protegerte de tus propios temores, por mucho que fuercen sus poderes frente a las pruebas que te pone la vida te encuentras totalmente sola.


¿Entonces para que lo necesito?


Para sentir por un momento que hay un manto protector sobre mis hombros, que no debo preocuparme de villanos de caras pintadas con juguetes de guerra, de las caídas accidentales desde azoteas de 500 metros de altura, de trenes que no se detienen o aviones que no vuelan…


Todo esto para que, libre mi mente de problemas trascendentales, sin capa ni trajes apretados con un par de gafas, pueda hacerme cargo de los detalles que realmente importan, todos los que tiene mi vida.


lunes, 28 de julio de 2008

Mar de ideas

- Los seres humanos necesitamos reconocimiento de nuestras acciones-


Dijo el terapeuta mientras su paciente miraba por la ventana con cierto aire melancólico.


-¿Y que quiere que haga? ¿Qué me dedique a gritarle a la gente que esa fue idea mía y que merezco el reconocimiento?


Para mi las ideas son como peces que nadan en el infinito y se detienen en diferentes mentes para descansar, quien las patenta puede llamarse su dueño a ojos del mundo, pero ellas se saben libres… ¿Quiere que traicione mi propio concepto de ideas libres? Todo por una palmada en el hombro y una frase absurda que no significará nada de aquí a dos meses. No las puedo traicionar, tal vez no quieran regresar nunca más a descansar entre mis neuronas.


-Pero debes aprender a defender lo que es tuyo y si el método es gritarle al mundo, ¡Adelante!


-Pero ¿De que habla? Si no es un terapeuta de verdad, es un espectáculo que he creado para que las ideas se detengan y se rían un poco de quienes intentan hacerlas prisioneras…


El seudo terapeuta se quedó hablando, mientras su paciente pensaba, “¡Que tarde tan maravillosa!” Y asunto zanjado, dejo la consulta.



jueves, 3 de julio de 2008

Crisis

A veces me gustaría observar un pequeño avance del futuro, como las escenas del próximo capítulo de las novelas. Así, al momento de iniciar un proyecto en el que invertiré tiempo y esfuerzo podría ver que en las próximas entregas diarias de mi vida, el mismo me traerá problemas o no será realizado, entonces lo dejaría de lado o postergaría hasta mejores condiciones medioambientales.

Es un berrinche sin sentido, una propuesta irreal, pero me gustaría poder conocer mas variables de la ecuación de mi vida, como cuando nado y se la cantidad exacta de metros que tengo delante y puedo medir la fuerza y velocidad para llegar con el último aliento a la meta, porque si desconociera los metros podría utilizar toda mi energía en la mitad y ser incapaz de llegar o en caso contrario, podría llegar a la meta sabiendo que pude haber nadado más rápido.

Tengo tantas incógnitas en mi vida que siento que las fuerzas se me están acabando, tengo ganas de comportarme como una adolescente y declarar que el mundo está en mi contra, pero sé que eso no es cierto, el mundo no tiene problemas conmigo ni yo con él.

Sin embargo en esta lucha cotidiana que significa vivir no encuentro trinchera, “para tener éxito debes saber elegir tus batallas” dicen por ahí, pero yo no logro identificar en que guerra estoy involucrada. Y simplemente estoy cansada de no tener nada seguro, de no poder imaginar un futuro mayor a 4 meses.

Sería tan sencillo… saber que pasará, no quiero que me cuenten el final, quiero saber los detalles del camino, las pausas. Saber si mi obsesión por el medio ambiente terminará en crisis y decidiré no traer niños a este mundo caduco, pero no sufriré cada mañana que vea pasar a una mujer embarazada a partir de mis cuarenta. Saber que en todas las épocas se atraviesan crisis pero que el mundo no se acabará mañana, quisiera tener un pequeño fragmento para estar segura que mi esfuerzo me lleva a alguna parte, desde donde podré mirar atrás y reírme del desazón que sentía cuando no sabía si mi esfuerzo era valedero o tan solo palos de ciego.

lunes, 19 de mayo de 2008

Nece(si)dades Machi(s)tas

Hay días que tienen dientes de lobo feroz y ojos chispeantes de monstruos que viven debajo de la cama, días de película rusa sin subtítulos, días de promesas rotas, de guerra sin tregua, de estación sin tren. Hay otros, totalmente ridículos, con zapatos de payaso que te hacen tropezar.


Pero no faltan los días como niños con mocos o peor días prepúberes con granos, en los que no se como tomarme la vida, si debo iniciar batallas jurídicas para limpiar mi buen nombre o reírme a carcajadas por ser víctima de situaciones que pensé habían sido enterradas en la adolescencia.


Y ahí estoy, sin entender las motivaciones, tratando de explicarme como alguien que ha pasado los 25 años se comporta como un infante de 12, alguien que hace diez años era un “conocido” decidió por cuenta propia iniciar el chisme de que tuvimos un pasado juntos.


No quise preguntar por los detalles de su mundo paralelo en el que tuvimos algo, no quise siquiera imaginarme esa situación por cuestiones de salud mental. ¿Cuál es el protocolo en estos casos? ¿Comunicarme directamente con él para decirle lo que opino sobre su madre? ¿Decirle que siento pena por él puesto que si tiene que recrear su pasado con personajes que estaban fuera de la liga infantil en la que él jugaba, su vida debe ser bastante aburrida?


Hace mucho que mi nombre no ayuda a afirmar la masculinidad de nadie, así que no se cómo reaccionar, ¿tratar de enseñarle que sería mas simple recurrir al método común entre los infantes de medirse el pene para la categorización de súper hombres?


O escribir un post para exorcizar tanta bilis que secreté durante el viaje de regreso a casa, pensando en que debí hacer algo para defenderme y demostrarle que no es cuestión de inventar por inventar y que las mentiras tienen patas cortas.


...Me decidí por lo último, por que la verdad más allá de sacar las malas vibras de mi organismo no tengo ganas de educar a los adolescentes tardíos.