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viernes, 23 de mayo de 2008

En defensa del Freak

Escuché que hoy es el día del Freak y a ciencia cierta no lo sé, pero me parece un fenómeno interesante del que me pongo a opinar sin pena ni gloria y sobre todo sin temor a las equivocaciones que pueda -y seguramente podré- cometer.

Algo pasa con los freaks, que han dejado de ser los marginales para convertirse en la norma, sucede con el Chikilicuatre que se supone era una parodia de Eurovisión y ahora es… participante de Eurovisión… es que acaso ¿la parodia se ha convertido en la realidad? ¿la norma ha sido cambiada por la excepción?

El término Freak solía ser utilizado para designar al fenómeno, pero en la perspectiva negativa de la que nadie quería ser parte, ejemplos claros podrían ser el hombre elefante, la mujer barbuda, en general extremos y anticuados estereotipos de fenómenos de feria.

Pero este término pasó de considerar a las personas diferentes por características físicas a las diferentes por características personales, por lo que se empezó a denominar freak a quienes no encajaban en el molde que la sociedad establecía. Los estereotipos que se pueden encontrar son bastante marcados, pero en general se trata de aquellas personas que tienen un tema de “especialidad” en el que son unos genios pero fuera de ese contexto son prácticamente incapaces. Personas que conocen los detalles mas insignificantes de la guerra de las galaxias, los expedientes secretos X, algún Cómic Manga (pido disculpas si se trata de una redundancia o si he cometido un error de redacción al unir estas dos palabras) el estereotipo se lleva al extremo cuando se piensa además que estas personas no pueden atarse los zapatos, su madre les prepara la comida y cada cierto tiempo les sangra la nariz.

Sucede que ahora el ser freak es socialmente aceptado, porque se han confundido las fronteras, se ha comercializado lo suficientemente bien la imagen freak con el síndrome de Peter Pan. Al contrario de lo que sucedía anteriormente, ahora todos quieren ser freaks, puesto que por un lado, la identidad es singular y personalizada (por lo menos es la imagen que se vende, porque si se habla de ferias de moda freak en Barcelona, no quiere decir precisamente que son dos o tres pela gatos los que visten así) y por otro, como se ha mezclado al freak con el eterno Peter Pan, al vestir como un personaje japonés salido de algún cómic de culto te quitas diez años de encima y estas “a la moda” -contrariamente a lo que buscaban aquellos que no se consideraban freaks pero llegaron a apuntalar el término-.

A mi me preocupan mucho los freaks, porque pienso, si se trataba de personas con dificultades para crear redes sociales, que al fin habían dado con sus iguales y que mal que mal habían conseguido ser aceptados, que pasa ahora con ellos si, los fresas (el capitán del equipo de fútbol, la capitana de las porristas, y el resto de los estereotipos cool de la historia) invaden estos espacios donde no eran más que la sombra de la pulga de la cola de un perro y retoman el poder. Los que son freaks por condición y no por convicción, se verán nuevamente relegados de su propio habitad. Y para ser aceptados tendrán que comprar la ropa japonesa de 500 euros e ingresar nuevamente al juego social en el que tan torpemente se desenvolvían.

Y lo mismo sucede con los adolescentes que se ven invadidos por adultos que intentan copiar lenguaje y vestimenta, que rol les queda por jugar si los adultos no quieren dejar el de inconformistas de la sociedad y siguen siendo los rebeldes sin causa, ¿Qué les queda? Parece que se fueron por lo fácil y optaron por la violencia. Es que para algo están las etapas de la vida y quienes ya se han servido de la copa de la juventud, deben aceptar que es un divino tesoro que se va para no volver.