Es la primera vez que este blog es anfitrión de lucha de pensamientos, por lo general es un lugar donde se dejan comentarios graciosos, se desean buenas semanas o se pregunta que le paso a la princesa... me ha parecido interesante encontrarme en el medio del ciclón, pero solo por esta vez, o en ocasiones contadas, en general prefiero la calma y los aportes que no obligan a cambiar de opinión ni insultan, mas bien enriquecen puntos de vista. Pero he creído importante aclarar mi indignación, desde mi perspectiva, que es la única que puedo brindar sin incumplir los derechos de autor.
Las razones que me llevan a sentirme indignada son varias, y se parecen al ojo de una mosca con los miles y miles de lentes que posee, cada cual con su perspectiva, sin embargo lo que principalmente me ofende de la nueva ley es que agrede la libertad de quienes aun no han nacido, pues mi meta principal en esta vida es esa, encontrar la libertad y puede que sea un absurdo, pero creo que es algo que los seres humanos buscamos tarde o temprano.
La libertad, un concepto bastante abstracto y complicado, supongo que no la encontraré o tal vez la descubra en mi lecho de muerte y con una sonrisa taciturna comprenda que mi libertad era ese algo que no había tomado en cuenta, quien lo sabe en realidad. Pero lejos aun (sin darlo por echo) del lecho de muerte me pongo a pensar que para obtener la libertad o por lo menos estar en le camino adecuado para encontrarla primero se debe contar con la igualdad.
Ahora la igualdad es otro concepto ambiguo y casi absurdo en el mundo que nos toca vivir, así que haciendo la vista gorda ante problemas aun no resueltos por la humanidad, supongamos que la igualdad es la oportunidad de acceder a todo aquello que se te ocurra puedas necesitar. Entonces, en un mundo que ha dividido a los ciudadanos por su origen, la libertad no existe.
Siendo originaria de un país del tercer mundo yo no tengo la libertad de mudarme a Katmandú si me diera la gana, antes tendría que presentar requisitos y fondos económicos, además de motivos mayores a “me da la gana” y por su puesto razones de fuerza mayor que aseguren mi regreso sin dejar dudas de que no intentare quedarme en el nuevo destino. Por lo tanto no soy igual, no puedo despertar una mañana y pensar en la China como destino laboral (suponiendo que hablase mandarin) y soñar siquiera que lo conseguiría con mi cuenta bancaria y mis precarias posesiones.
Entonces, para darle forma a lo que intento decir, si lo que busco es la libertad, el requisito previo es ser igual (teóricamente hablando) y una manera que encuentro para ser igual es siendo parte de un país del primer mundo, estos ciudadanos con todas las complicaciones a las que tienen que hacer frente están mas cerca de la igualdad que el resto, tan simple como eso. Optar por un pasaporte-llave que me permita trasladarme de un destino a otro sin mayores explicaciones.
Culturalmente y sobre todo sentimentalmente, nunca renunciaría a mi patria, ese pedazo de tierra que me ha dado todo lo que soy, todo lo que realmente valoro. Bajo esta perspectiva, jamás y lo digo en mayúsculas JAMAS dejare de ser boliviana, sin embargo legalmente, renunciaría a mi nacionalidad para dar el primer paso hacia la libertad. Siendo ciudadana de primer mundo.
Es posible y casi una realidad que el día que lo consiga regrese a mi país y nunca mas salga de casa, pero tendré la opción de hacerlo, seré libre de hacerlo. Y como cualquier ser humano pensaría en dotar a mi -posible y no tan segura descendencia- de la misma oportunidad.
Y desde este punto de vista me parece absurdo quitarle la oportunidad a quien la tiene, pues no todos los niños nacidos en el primer mundo pueden optar por la nacionalidad del país receptor, ejemplo del que dispongo con conocimiento de causa es Suiza. También es cierto que las leyes no se han escrito para beneficiar a las mayorías (en mi país por lo menos) pero los mas perjudicados con esta ley serán los de menores recursos que viven fuera del país, precisamente esos a los que se supone representa el actual gobierno.
El resto de mis pensamientos se quedan en el tintero, pues nacieron venenosos como una serpiente de cascabel…
sss sss sss
Las razones que me llevan a sentirme indignada son varias, y se parecen al ojo de una mosca con los miles y miles de lentes que posee, cada cual con su perspectiva, sin embargo lo que principalmente me ofende de la nueva ley es que agrede la libertad de quienes aun no han nacido, pues mi meta principal en esta vida es esa, encontrar la libertad y puede que sea un absurdo, pero creo que es algo que los seres humanos buscamos tarde o temprano.
La libertad, un concepto bastante abstracto y complicado, supongo que no la encontraré o tal vez la descubra en mi lecho de muerte y con una sonrisa taciturna comprenda que mi libertad era ese algo que no había tomado en cuenta, quien lo sabe en realidad. Pero lejos aun (sin darlo por echo) del lecho de muerte me pongo a pensar que para obtener la libertad o por lo menos estar en le camino adecuado para encontrarla primero se debe contar con la igualdad.
Ahora la igualdad es otro concepto ambiguo y casi absurdo en el mundo que nos toca vivir, así que haciendo la vista gorda ante problemas aun no resueltos por la humanidad, supongamos que la igualdad es la oportunidad de acceder a todo aquello que se te ocurra puedas necesitar. Entonces, en un mundo que ha dividido a los ciudadanos por su origen, la libertad no existe.
Siendo originaria de un país del tercer mundo yo no tengo la libertad de mudarme a Katmandú si me diera la gana, antes tendría que presentar requisitos y fondos económicos, además de motivos mayores a “me da la gana” y por su puesto razones de fuerza mayor que aseguren mi regreso sin dejar dudas de que no intentare quedarme en el nuevo destino. Por lo tanto no soy igual, no puedo despertar una mañana y pensar en la China como destino laboral (suponiendo que hablase mandarin) y soñar siquiera que lo conseguiría con mi cuenta bancaria y mis precarias posesiones.
Entonces, para darle forma a lo que intento decir, si lo que busco es la libertad, el requisito previo es ser igual (teóricamente hablando) y una manera que encuentro para ser igual es siendo parte de un país del primer mundo, estos ciudadanos con todas las complicaciones a las que tienen que hacer frente están mas cerca de la igualdad que el resto, tan simple como eso. Optar por un pasaporte-llave que me permita trasladarme de un destino a otro sin mayores explicaciones.
Culturalmente y sobre todo sentimentalmente, nunca renunciaría a mi patria, ese pedazo de tierra que me ha dado todo lo que soy, todo lo que realmente valoro. Bajo esta perspectiva, jamás y lo digo en mayúsculas JAMAS dejare de ser boliviana, sin embargo legalmente, renunciaría a mi nacionalidad para dar el primer paso hacia la libertad. Siendo ciudadana de primer mundo.
Es posible y casi una realidad que el día que lo consiga regrese a mi país y nunca mas salga de casa, pero tendré la opción de hacerlo, seré libre de hacerlo. Y como cualquier ser humano pensaría en dotar a mi -posible y no tan segura descendencia- de la misma oportunidad.
Y desde este punto de vista me parece absurdo quitarle la oportunidad a quien la tiene, pues no todos los niños nacidos en el primer mundo pueden optar por la nacionalidad del país receptor, ejemplo del que dispongo con conocimiento de causa es Suiza. También es cierto que las leyes no se han escrito para beneficiar a las mayorías (en mi país por lo menos) pero los mas perjudicados con esta ley serán los de menores recursos que viven fuera del país, precisamente esos a los que se supone representa el actual gobierno.
El resto de mis pensamientos se quedan en el tintero, pues nacieron venenosos como una serpiente de cascabel…
sss sss sss