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martes, 21 de abril de 2009

La guerra del fin del mundo

...Es como un manual de latinoamericanismo; es decir, en este libro uno descubre primero lo que no es América Latina. América Latina no es todo aquello que hemos importado. No es tampoco Europa, no es el África, no es la América pre-hispánica o las comunidades indígenas, y al mismo tiempo es todo eso mezclado, conviviendo de una manera muy áspera, muy difícil, violenta a veces. Y de todo eso ha resultado algo que muy pocos libros antes de Os Sertoes lo habían mostrado con tanta inteligencia, con tanta brillantez literaria. Yo quedé deslumbrado. O sea, en verdad creo que la persona a la que le debo haber escrito La Guerra del Fin del Mundo es Euclides da Cunha...

Mario Vargas Llosa

Fragmentos del libro "Diálogo con Vargas Llosa, por Ricardo A. Setti." (1988), publicado por la editorial costarricense Kosmos




Le debo un post y quizás la tarea me resulte grande, como siempre mido mis fuerzas antes de iniciar el camino. Hace cuatro meses llegó a mis manos un libro llamado “La guerra del fin del mundo” venía acompañado de otros autores como Cortazar, Paz Soldán y para ser sincera Vargas Llosa me da “no se que” desde que incursionó en la política, por eso el libro fue quedando relegado al ultimo lugar de la lista.

Las primeras páginas no fueron de mi agrado, mucha religión, demasiada política, conflictos que ocurrieron en un siglo al que no pertenecí y sin embargo me parecían tan palpables que cada página me resultaba imposible de leer, pero seguía con la lectura fiel a mi costumbre de abandonar un libro en la última página y no antes.

No supe en que momento me vi atrapada en cada párrafo ganándole tiempo al tiempo para poder llegar rápidamente a destino, con solo el título sabemos que todos van a morir, pero como en toda tragedia se necesitan testigos que cuenten la historia y la curiosidad no podía esperar para saber si sería el intelectual, el periodista o la mujer de a pie. No crean que estoy destrozando el final de la historia pues si se atreven a leer este libro sabrán que el final y le principio pueden ir juntos y aun así sorprenderte.

Entonces me dio por desgranar a los personajes, a analizarlos, compararlos, hacerlos míos y luego regresarlos a su lugar de origen y darles una nueva mirada para intentar comprenderlos.

No he leído una obra en la que describan con tanta cabalidad el problema de los intelectuales, me refiero a eso de hacer teoría todo lo que ocurre y si estos son idealistas la facilidad por poner títulos a las guerras ajenas y creer que todos pelean por la misma causa, como tal, el intelectual no podía ser quien relate la historia, no podía porque el pensaba que Canudos luchaba por el anarquismo. Él venía de una guerra europea, donde tal vez -y a riesgo de equivocarme- son más intelectuales que viscerales, por lo menos los líderes. Venía de una guerra organizada y bien estructurada tratando de inmiscuirse en una guerrilla sin forma, grupos de personas que reaccionan como el cuerpo ante el dolor, sin plan, sin fin, de una manera incomprensiblemente articulada.

El periodista, un personaje verídico por cierto, es quien atraviesa por todos los cambios que debes sufrir para entender una realidad antagonista a la tuya, e irónicamente el no puede ver, supongo que el hecho de que en la novela pierda los lentes es una cuestión como la del principito, lo esencial es invisible a los ojos, y le quitan los ojos físicos para que pueda abrir los del alma, para decirlo de alguna manera. Toca fondo y se encuentra con sus mayores temores que le hacen reestructurar sus pensamientos, nada de elegir un bando, pues los años de estudio no se lo permiten, es simplemente aprender a mirar el calidoscopio por agujero correcto y contemplar las maravillas que le ofrece.

Porque eso es la novela, la falta de una visión completa, la manipulación de información, el desconocimiento, me vi sintiendo lástima por el varón de la caña, por los militares que van ciegos a una guerra que creían ganada, el temor de los soldados al encontrar resistencia invisible. Y los propios sertoneros que entregan la vida por un sentimiento más que creencia, totalmente incomprensible para quienes no han sentido el toque. Sentí rabia porque esas luchas de poder destruyen a los mas pobres, se los ataca en la prensa, en la televisión, con cuentos de masas estúpidas que violan y roban a la gente “bien” sentí impotencia y finalmente fe… no una fe religiosa que me lleve al lado místico de mi ser, fe en mi gente, en la gente del mundo, de que pase lo que pase y sea cual sea el precio, encontrará la manera de regresar al cause equilibrado del mundo.

¿Quién relata la historia? había olvidado que sucede en América Latina, por lo tanto se levanta la voz intelectual y la voz del pueblo… como les dije, un libro que no deja de sorprenderte aun cuando te anuncia anticipadamente cada acontecimiento.

Como decíamos con Utópico en una de nuestras interminables tertulias virtuales, Macondo es el verano de América Latina, incluso el otoño por todas esas partes tristes que sabes que siguen ocurriendo, como el caso de la planta bananera que en menos de una década no dejo prueba alguna de su existencia, pero Canudos, Canudos es el invierno, la lucha por sobrevivir, el momento en que las semillas caen de los árboles, preparando el terreno para lo que viene… porque a fin de cuentas y aunque no lo crean, en ese continente de constante revolución también existe la primavera.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Andenes

Termino de leer un libro y me invade la nostalgia de tener que decir adiós a un amigo querido, sabiendo que nunca más podré tener noticias suyas, que solo me podré acercar a él en mis recuerdos, porque es cierto que puedo leer nuevamente ese libro, o encontrar segundas partes, pero nunca será lo mismo, las condiciones, mis pensamientos, yo habré cambiado tanto que al mirarnos ojo a letra ya no podremos reconocernos y tendremos que crear un nuevo lazo de complicidades.

Pero no es una nostalgia cargada de amargura y desazón es un simple huequito en el pecho, así, un “huequito” no un hueco grande y serio, un simple “huequito” como el que hacen los niños en la arena. Y con el pasar de las horas se va convirtiendo en una nostalgia lejana, “¿oh Maga, habrás quedado al borde de un río?” “Horacio, tonto Horacio, ¿pero que era lo que buscabas?”

Y cuando llega el momento de elegir el siguiente libro una sensación de ligera traición, si podrían existir las traiciones ligeras, un momento de duda, mirar sobre el hombro para comprobar que nadie observa, elegir un tema distinto para evitar comparaciones, otro autor, otro género literario, antes de abrir la primera hoja suspirar por última vez por aquellos personajes que fueron parte de mi, por esos otros Yo que vi reflejados entre verbos y frases hechas, situaciones que hice mías a fuerza de imaginación, paisajes que podría reconocer sin haber visto antes… retazos de vida que no son mías. Un último adiós prefabricado, para no caer en palabras melosas ni llantos absurdos, un adiós con la mano y desde lejos, mirar un tren que se marcha y luego regresar a casa.

Para poder tomar el siguiente libro liberada y en calma: líneas sobre el autor, prefacio o comentarios de otros acerca del libro, atisbar a los nuevos personajes, confundir un poco los nombres hasta estar segura de la nueva estructura, hasta que de un momento a otro, uno de ellos me guiñe un ojo o elija una frase cómplice que me tienda la mano, mirar un momento atrás -al tren que se ha ido- aunque me cueste dejar, avanzar, decir adiós, porque la mano tendida, la nueva historia me espera, me llena de júbilo jugar a descubrir un mundo… suspiro, me agarro fuerte de la nueva mano... y doy el salto definitivo.


martes, 16 de septiembre de 2008

Yerba Mala Cartonera

Tenía esta novedad desde que regresé de vacaciones pero una y otra cosa me mantenían en el silencio cómodo de quien sufre de una timidez parecida a la tos crónica de los fumadores.

Pero como ha pasado tanto tiempo necesito remontar en el pasado y explicar algunos detalles, como sucede en las últimas páginas de las novelas de Agatha Christie, donde revela detalles importantes que durante la novela apenas si fueron narrados.

A principios de año me hablaron de una Editorial relativamente nueva en mi país, se llama Yerba Mala Cartonera, como iniciativa nace en Argentina durante la época del corralito, a varios entusiastas se les ocurre que los libros eran importantes y por lo tanto debían estar cerca de los lectores, pero en ese momento la mayoría de los lectores no podían acceder a un libro, porque haciendo un símil, el ingreso de un trabajador medio era 500 pesos (lo digo al azar) cuando los libros costaban 100, era casi absurdo intentar fomentar la lectura. Entonces inician una batalla, deciden editar libros con tapas de cartón reciclado para disminuir los costos de producción y otras cosas más que son muy interesantes y pueden descubrir en su blog.

La idea trasciende rápidamente, si la memoria no me falla y a riesgo de olvidar alguno, se pueden encontrar cartoneros (como se autodenominan) en Bolivia, Chile, México y Perú.

Mas o menos en Abril lanzaron una convocatoria para escritores noveles que quieran publicar con ellos (este caso los yerba mala que nunca mueren) entonces surgieron mis dudas, problemas existenciales y temores que me suelen abordar al iniciar un proyecto, envié una serie de cuentos y… publicaron un libro que lleva por título "Las mujeres invisibles" (No podía ser de otra manera) del cual me siento muy orgullosa.

Pero me siento más orgullosa (y tengo un poco de vergüenza al admitirlo pues en casa siempre me dijeron que debía ser humilde) por participar en este tipo de proyectos, porque es cierto que bastaría con fomentar la lectura en red, donde todo esta y se puede encontrar fácilmente, pero mi país lucha contra una adversidad añadida, el Internet es aún un lujo para gran parte de la sociedad, así que saber que mis cuentos van vestidos de cartón, con modelos únicos diseñados por niños lustrabotas y que pueden estar formando parte de alguna biblioteca discreta… me llena de orgullo, sobre todo porque creo que después de leer mis cuentos muchos pensaran, no es tan difícil escribir y si ella puede yo mejoraré el reto… entonces, como parte de mi sueño hecho realidad empezaremos a llenar las páginas con historias de bolitas en todas sus facetas, con sus voces y sus vivencias, para que nuestros hijos sepan lo orgullosos que estamos de ser quienes somos.

jueves, 22 de mayo de 2008

Una de dos

Lucía miró a su marido dormitar en su sillón. Despertaba a ratos, la miraba y sonreía como desde otro mundo.

En una de esas pestañadas ella le dijo con toda suavidad:

- ¿Sabes? Cuando uno de los dos se muera yo me voy a ir a Italia.

Ángeles Mastretta
Maridos