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miércoles, 8 de octubre de 2008

Desnuda

De pie frente al espejo empezaron a caer una a una las prendas de vestir. Las imágenes redondeadas que le devolvía su reflejo no se parecían en nada a las modelos mil veces retratadas en las revistas de moda, faltaba un poco aquí, sobraba un poco allá...

Sin pensar muy bien en lo que hacía o lo que significaba, empezó por ponerles nombres de batallas perdidas y ganadas a cada marca que había quedado en su piel a través de los años; las estrías, la celulitis -que hasta hace cincuenta años no tenía otro nombre que piel de mujer madura- alguna que otra cicatriz (con anécdota incluida) y las marcas personales con las que había nacido, como los hermosos lunares que tenía contados.

Mientras acariciaba sus piernas, el espejo corto de entendimiento, transmitió una imagen coqueta y seductora, ella en cambio estaba explorando su cuerpo, sintiendo la suavidad de su piel y sonriendo un poco con los pelitos que intentaban abrirse paso ahora que había terminado el verano.

Descubrió una hermosura que nunca antes había tomado en cuenta, balanceo su cuerpo de un lado a otro, de adelante hacia atrás, observando como los músculos de sus pies se movían casi imperceptiblemente para cumplir sus deseos de movimiento.

Se abrazó a si misma durante un momento y respiró profundo para disfrutar el instante, acarició sus brazos y beso dulcemente su hombro derecho, dibujó corazones con el dedo índice en su vientre y levanto los brazos para palpar sus pechos como el médico le había enseñado, buscando un intruso, una pequeña diferencia. Una leve sensación de frío estremeció su piel y regresó de sus meditaciones.

Entro en la bañera y debajo del chorro de agua sintió su cuello relajado, mientras frotaba el shampoo se regaló un masaje capilar y al enjuagar se fueron todas sus preocupaciones. El jabón quitó el resto de las penas que le quedaban.

Enfrentada de nuevo ante el espejo secó su piel lentamente, estaba a punto de vestirse sin decir nada, pero le atacó una idea que antes de pensarla le arrancó una carcajada, gritó un par de piropos dignos de un romántico albañil, dio una vuelta completa mientras silbaba enamorada del maravilloso envoltorio que cubría su alma, luego vestida de sonrisas salió de casa por el balcón y se fue volando...