Hay días que tienen dientes de lobo feroz y ojos chispeantes de monstruos que viven debajo de la cama, días de película rusa sin subtítulos, días de promesas rotas, de guerra sin tregua, de estación sin tren. Hay otros, totalmente ridículos, con zapatos de payaso que te hacen tropezar.
Pero no faltan los días como niños con mocos o peor días prepúberes con granos, en los que no se como tomarme la vida, si debo iniciar batallas jurídicas para limpiar mi buen nombre o reírme a carcajadas por ser víctima de situaciones que pensé habían sido enterradas en la adolescencia.
Y ahí estoy, sin entender las motivaciones, tratando de explicarme como alguien que ha pasado los 25 años se comporta como un infante de 12, alguien que hace diez años era un “conocido” decidió por cuenta propia iniciar el chisme de que tuvimos un pasado juntos.
No quise preguntar por los detalles de su mundo paralelo en el que tuvimos algo, no quise siquiera imaginarme esa situación por cuestiones de salud mental. ¿Cuál es el protocolo en estos casos? ¿Comunicarme directamente con él para decirle lo que opino sobre su madre? ¿Decirle que siento pena por él puesto que si tiene que recrear su pasado con personajes que estaban fuera de la liga infantil en la que él jugaba, su vida debe ser bastante aburrida?
Hace mucho que mi nombre no ayuda a afirmar la masculinidad de nadie, así que no se cómo reaccionar, ¿tratar de enseñarle que sería mas simple recurrir al método común entre los infantes de medirse el pene para la categorización de súper hombres?
O escribir un post para exorcizar tanta bilis que secreté durante el viaje de regreso a casa, pensando en que debí hacer algo para defenderme y demostrarle que no es cuestión de inventar por inventar y que las mentiras tienen patas cortas.
...Me decidí por lo último, por que la verdad más allá de sacar las malas vibras de mi organismo no tengo ganas de educar a los adolescentes tardíos.