Cuando empecé a escribir estas letras me sentí como la típica egresada que agradece a Dios y a sus padres por todo el apoyo brindado. Claro que debo recordar que hasta un mes antes de mi graduación creía que se trataba de un discurso obligatorio para no quedar mal con la audiencia que sabe que sin el apoyo de tus padres no habrías dejado el jardín de infantes. Pero un día después comprendí perfectamente porque no puedes dejar de lado ese agradecimiento tan bien merecido. Continúo, decía que me sentía como una persona que intenta quedar bien con la audiencia. No por impostora, si no por repetir palabras que se vierten en estos casos, esas que parecen sacadas de un molde, aquellas que nunca creí que diría.
Y aquí están… Quiero agradecer a todos los lectores de este blog, a los que dejan mensajes, los que dejan mimos, los que lanzan piedras, los que se quedan en silencio pero siempre están ahí (si Iruruqui, te lo digo a vos) tal como la publicidad de Coca – Cola este agradecimiento es para todos, a los que puedo leer y sé que están ahí y a los que no puedo leer por lo tanto no conozco pero gracias a las herramientas del Internet también sé que están ahí.
Aunque parezca un post de despedida o la declaración de que a partir de hoy vivo de las rentas otorgadas por mi blog, no se trata de una ni de otra. Sucede que me aproximo al post Nº 100 y aunque suene a discurso vacío, sin ustedes los visitantes no podría haberme convertido en un ser constante y me habría entregado a mis costumbres sin llegar a pasar del tercer post.
Mujer invisible pero explicativa (incongruencias de los seres humanos) les adelanto desde ya, que los dos post que se avecinan serán reediciones. El que llegará a ser el número 99, uno de mis cuentos favoritos -aunque esta mal que lo diga su autora- es la razón del nombre que lleva este blog: Las mujeres invisibles. Y el número 100 un post más relacionado con la nostalgia que con los homenajes, es el primer post que colgué en mi historia de bloguera… tal vez lo rescato del baúl de los recuerdos para darle una segunda oportunidad o quizás lo hago para recordar de donde vengo y tratar de aclarar a donde voy.
Y aquí están… Quiero agradecer a todos los lectores de este blog, a los que dejan mensajes, los que dejan mimos, los que lanzan piedras, los que se quedan en silencio pero siempre están ahí (si Iruruqui, te lo digo a vos) tal como la publicidad de Coca – Cola este agradecimiento es para todos, a los que puedo leer y sé que están ahí y a los que no puedo leer por lo tanto no conozco pero gracias a las herramientas del Internet también sé que están ahí.
Aunque parezca un post de despedida o la declaración de que a partir de hoy vivo de las rentas otorgadas por mi blog, no se trata de una ni de otra. Sucede que me aproximo al post Nº 100 y aunque suene a discurso vacío, sin ustedes los visitantes no podría haberme convertido en un ser constante y me habría entregado a mis costumbres sin llegar a pasar del tercer post.
Mujer invisible pero explicativa (incongruencias de los seres humanos) les adelanto desde ya, que los dos post que se avecinan serán reediciones. El que llegará a ser el número 99, uno de mis cuentos favoritos -aunque esta mal que lo diga su autora- es la razón del nombre que lleva este blog: Las mujeres invisibles. Y el número 100 un post más relacionado con la nostalgia que con los homenajes, es el primer post que colgué en mi historia de bloguera… tal vez lo rescato del baúl de los recuerdos para darle una segunda oportunidad o quizás lo hago para recordar de donde vengo y tratar de aclarar a donde voy.