En un ejemplo, antes de que te llegue el turno en la fila de facturación puedes descubrir que a pesar de la limitante de los 35 kilos por persona, existen pasajeros dispuestos a pagar 20 kilos de exceso (muchos de esos kilos se deben a las famosas encomiendas). Pero en el punto inicial, no es extraño que alguien prefiera pagar el peso en oro, lo realmente extraño es tratar de descifrar la cara de poker que la señorita utiliza para decir “El avión es pequeño y no se permite sobre equipaje” es posible que lo diga esperando una estampida de gente asustada que pregunte si se puede atravesar el océano en avioneta… es posible… pero la señorita no se detiene, luego comenta “es mejor que deposite su equipaje por mar ya que a pesar de que pague no es seguro que llegue”… en ese momento piensas “esta tipa nos está tomando el pelo y en cualquier momento nos señala la cámara oculta”… esperas … y nada… es tu turno. Agradeces secretamente que el equipaje que te permites es el que puedes cargar y cuando la balanza muestra 15 kilos piensas que debes hacer más ejercicio. Y jurarías que hay una cámara oculta, pues la conversación de esta señorita de cara de poker no es normal. “Solo puede llevar una bolsa de mano” “no lo sabía, llevo cosas delicadas y por eso no las puedo facturar pero son bolsas muy pequeñas” “¿No puede meter una bolsa dentro de la otra?” “¿¿¿???”.
Y con la cara desconcertada vas a la siguiente fila, donde tienes una revelación divina y comprendes muchas cosas del modo de ser de un boliviano. Esta fila es más confusa que la anterior, muchas caras extrañas pero todos se hablan con la mayor naturalidad “llevo en el equipaje de mano (lista detallada de los objetos de valor)” entre estas conversaciones encuentras personas buscando dinero en las carteras (como si necesitaran encontrar el billete más viejo para pagar) y piensas… por eso nos roban con tanta facilidad.
Durante las horas de vuelo se siente la hermandad, apoyo incondicional de tus congéneres y casi te sientes identificado con las historias que escuchas, pero algo ocurre en el cielo, momento antes de aterrizar, entonces volvemos a ser ruines, nerviosos, desconsiderados… y cuando tenemos que enfrentarnos a las últimas filas del viaje (para bajar del avión, en migración, recoger el equipaje y salir del aeropuerto) los nervios nos traicionan y el cansancio nos mata… nos apretamos como ovejitas y repetimos movimiento mientras el tiempo pasa pero los pasajeros no.